
Porque eso requiere el Alzheimer, una enfermedad que con todo acierto ha sido llamada como el desastre, puesto que sus consecuencias sociales son más graves de lo que nos imaginamos, más aún en un país, como el nuestro que curiosamente ha dejado en el traspatio su puesta en el contexto de la opinión pública.
Señores, nadie está exento de vivir esta realidad, de enfrentarse a una enfermedad que no tiene cura, que tiene efectos consabidos pero que a pesar de 100 años de exhaustivo estudio aún no encontró las causas; mientras que, como una llama que tarda en extinguirse varios años, el afectado habrá perdido su memoria inmediata, desconocerá al hijo, al esposo, a la nieta… olvidará su nombre, dejará de masticar porque su cerebro ya no es capaz de mandar esa orden, se perderá en caminos, calles y parajes… se tornará violento o violenta o se sumirá en un estrés…
El Alzheimer, como enfermedad, tiene una relación muy estrecha y en contrasentido con las lágrimas y el llanto… y el amor.
Con la duda, también, porque cuando el profesional en salud tratará a su paciente muchas veces no podrá determinar cómo actuar, cómo enfrentar el caso, frente a una persona que vive un vaivén entre saber que parte de sí mismo tiene dolor, cuando se ha caído quebrándose un hueso, o tiene cualquier infección que le afecta.
Que por su olvido se tomó toda la medicación correspondiente a varios días…
Seguro en ese panorama muchos se preguntarán ¿Qué sentido tiene la vida?, y sí la tiene, en tanto y en cuanto consideremos que la enfermedad del Alzheimer es un problema social, que nos atinge a todos y que como hoy nos reúne no sólo para hacer pública nuestra personalidad jurídica, sino que sellemos un compromiso, por nosotros, por nuestros padres y abuelos para mejorar su calidad de vida; de preocuparnos por sus familias y cuidadores que normalmente son hijas y cónyuges.
Con el fin de establecer que en Bolivia necesitamos estar a la par de otros países, que si tendremos acceso a los medicamentos para paliar ciertos efectos. Que el problema no es de unos cuantos, sino de miles, que seguramente están sufriendo en silencio y que precisan de más información, desde lo básico como es la nutrición o cambio de pañales, hasta considerar a mediano plazo la construcción de un centro de atención diurna, que es una guardería para adultos mayores, que aliviará, sin la menor duda, esta carga que es un paciente en casa…
Que más nos queda sino agradecer mucho a tantas personas, a Jhonny Ferrer Soria Galvarro, Secretario General de la Prefectura del Departamento de Cochabamba que comprendió la necesidad de esta organización enteramente humanitaria y social, tenga su constitución jurídica, a los abogados Rafael Valenzuela y Ma. Del Carmen Montaño del Granado, quienes con su rúbrica apoyaron a hacer efectivo el trámite, a todos y cada uno de los asociados y su Mesa Directiva: Señores: Hugo Renán López Bazoalto, Rosemaríe Cardoso Subieta, Amalia Antezana Gandarillas, Luis Herrera, Yolanda del Granado, Rosa Ana del Cármen Arze Gonzáles, Ximena Badani Zeng, Claudia Gamboa, René Marcelo Soria Cardona, a los asociados todos, en especial a Sandra Bustamante, quienes no dudaron en que la idea aliviará a muchas personas, a nuestras familias; y hoy estamos acá, juntos. Sabiendo que sí la vida tiene sentido, y que nuestro aporte permitirá que el Alzheimer sea parte de la problemática de la salud pública, y tenemos toda la esperanza que muy pronto la cura sea efectiva para el bien de toda la humanidad.
Gustavo Cardoso
Presidente AAB




























